29 septiembre 2012

Un pecado capital muy femenino

La envidia

Por qué al compararnos socialmente con otros surgen nuestras deficiencias o carencias, pues siempre hay alguien mejor que nosotros. 

Así, la llamada “envidia de la buena”, sería lo mismo que la “envidia de la mala”, pues en esencia se trata de una conducta negativa.

Según Parrot (1991) durante un episodio de envidia se presentan las siguientes características:

Deseo por lo que la otra persona tiene, deseo frustrado.

Inferioridad: tristeza de las propias carencias o de la inferioridad en relación con la persona envidiada; angustia por el estatus propio; desesperación ante la posibilidad de no tener lo que la persona envidiada tiene.

Resentimiento enfocado sobre el agente: resentimiento hacia una persona o un grupo específico; desagrado por su superioridad; enojo y odio hacia los que se suponen responsables;
Resentimiento global ante la injusticia de las circunstancias o el destino.

Culpa por sentir mala voluntad hacia el envidiado; creer que sentir rencores es incorrecto, y
Admiración, emulación del envidiado o identificación con el envidiado.

¿Cómo superamos la envidia?

En un terreno disfuncional, deseamos ser mejores que la otra persona o deseamos arruinar la posición de ventaja del otro. 

“Querido Santa: No me hagas bajar de peso, pero has que mis amigas se vuelvan gordas”.

¿La química de la envidia?

Cada estímulo externo activa en nuestro cuerpo toda una serie de mensajeros químicos los cuales cambian el equilibrio interno al interior de nuestro ser, ello impacta a los cinco trillones de células que forman nuestro organismo.

Cuando experimentamos envidia nuestro cuerpo genera: resentimiento, rabia, rencor, represión de pensamientos y resistencias a cambiar nuestros paradigmas, con ello en el torrente sanguíneo circula una hormona corrosiva, conocida como Cortisol, la hormona del estrés.

Para equilibrar nuestros pensamientos necesitamos generar oxitocina y serotonina, y ello lo podemos lograr de forma natural teniendo: relajación, descanso, sonriendo, disfrutando del sexo, tomando un masaje, tomando el sol, conviviendo con las personas queridas.

Hoy día conocemos que los centros en donde se producen las emociones (amígdala cerebral) y la oxitocina (hipotálamo e hipófisis), tener una mayor producción de esta última hormona, tiene un efecto analgésico que mitiga el dolor físico y emocional, reduce la tensión arterial, reduce la tensión muscular, reduce la sensación de ansiedad y con ello reduce el apetito asociado al estrés y mejora la cicatrización de las heridas entre otros beneficios más (Uvnäs, 2000).

(mañana seguimos con este tema)

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