06 noviembre 2010

"Yo": mucho más que una autobiografía


En la tapa vemos a un Ricky maduro, centrado; su mirada transmite seguridad y equilibrio. Y está tan lindo con esa barba crecida, que es difícil dejar de mirar la tapa de su autobiografía y empezar a leer de qué se trata. Pero una vez que nos sumergimos en la vida de Ricky, o Kiki como lo llaman sus allegados, costará mucho cerrar el libro.

Dividido en 9 capítulos, cada uno de ellos representa una etapa de su vida: niñez, adolescencia, madurez. En cada una de ellas el cantante boricua no escatima en detalles ni en anécdotas y cuenta todo lo que ha vivido en sus 38 años de vida: desde una tranquila niñez en un Puerto Rico familiar y musical, pasando por una adolescencia de Rock Star gracias a "Menudo"- la banda musical que lo sumergió para siempre en la fama- y una madurez espiritual que aún transita. Ricky Martín nos lleva,  juntos viajamos por la montaña rusa que fue y es su vida, donde no faltaron crisis de identidad, períodos de introspección y soledad, y claro que sí, amores pasionales.

Pero YO es mucho más que una autobiografía. Porque este cantante, además de reconocer su debilidad por los escenarios, por la adrenalina que siente cada vez que canta frente a sus fervientes fans, abre su alma y se muestra como ser humano. Nos habla de sus miedos, de sus inseguridades. Y de su "coraje", palabra que utiliza para definir la sensación que tiene cada vez que se enfrenta a algo que él considera injusto, aberrante. La trata de niños es una de esas cosas. 

Mal al cual miró directo a los ojos en uno de sus viajes a India, y contra el cual su fundación Ricky Martin lucha incansablemente. 

La discriminación es otro de ellos:  "... Mientras en este mundo todavía haya personas dispuestas a etiquetar a los demás por su nacionalidad, su raza, su género o su sexualidad y el color de su pelo, siempre habrá discriminación". 

La xenofobia que sufrió como inmigrante en sus propias palabras: "...Creo que el hecho de ser extranjero no ayudaba.  (...)Pero al llegar a Los Ángeles, de repente comencé a sentir que mi acento era horrible. Alguien me decía que tenía que tomar clases para reducirlo, o quizás otro mencionaba lo raro que sonaba mi forma de pronunciar tal o cual palabra. (...) El resultado era que me hacían sentir insultado. Excluido. Diferente. Tal vez en aquella época todavía no era tan común tener actores hispanos en la televisión y la gente no estaba acostumbrada a ver alguien diferente a ellos...". 

La homofobia: "... Sigue habiendo muchas personas que se oponen rotundamente a la homosexualidad, que la rechazan y la repudian, diciendo que es algo inmoral. (...) Lo que está mal-lo que es infinitamente cruel e injusto- es discriminar a alguien por ser como es. Lo que está mal es pretender que hayan ciudadanos de primera y segunda categoría, que no todos tengan los mismos derechos. Y con el mismo fervor que entona sus canciones más románticas dice: "(...) Así como nunca permitiré que nadie diga nada en contra de los hispanos, nunca jamás permitiré que en mi presencia se hagan comentarios peyorativos respecto a la comunidad gay. Siempre exigiré que a cada cual se le trate como individuo, independientemente de cómo lo ´etiquete´la sociedad...". 

La libertad individual es un derecho que el considera inalienable. Por eso cuenta que el método que él eligió para ser padre, la subrogacíón, no es EL método para tener hijos, pero que es el que a  él le sirvió. El que dio paso al milagro, uno que hoy se llama Valentino (ya que el se imaginó un niño valiente) y Matteo (regalo de Dios en hebreo).

YO es una puerta al corazón de la persona detrás del personaje. Reune sus pensamientos y reflexiones desde que tomó el avión esa tarde de lluvia en San Juan. De una persona que tiene un ejército de alcahuetes, una foto con Bush, una suite en el Waldorf, más autos que amigos, pero también, una fundación que lucha por los derechos de los niños, dos hijos a los cuales les da todo para ser felices, y sobre todo las bolas bien puestas, y una voz hermosa que transmite amor con sus canciones, pero también verdad, transparencia y humildad, dignas de una persona GRANDE como él.

-¡Ay! ¡Cómo lo quieroooooooo!
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